miércoles, 26 de abril de 2006

¿Y a mí qué me cuentas, Neil?

Amén, brotherLeí en el gratuito ADN el martes de la semana pasada (así de lentos están mis reflejos últimamente) que el próximo disco del mítico cantautor canadiense Neil Young llevará por título Living With The War. Sutil, ¿no? Seguro que con eso ya se imaginan de lo que va: a meterse con Bush toca. Y no es que yo simpatice en lo más mínimo con el actual presidente de los Estados Unidos, ni que me traiga sin cuidado todo lo ajeno a la música. Simplemente, no me gustan las canciones que más que canciones son panfletos.

Que Neil Young ha escrito algunas de las páginas más gloriosas del rock americano, no se lo discute nadie. En su amplio repertorio también hay sitio para algunos bodrios considerables, para qué negarlo. Pero nada de esto le convierte en un brillante analista político.

Ojalá me equivoque, pero me parece que Living With The War va a tener una fecha de caducidad corta, cortísima. El disco se podrá oír gratis en la web del artista a partir del día 28.

miércoles, 19 de abril de 2006

Dejadez previa al parón primaveral

Las señales lo presagiaban: más de una semana sin actualizaciones, interesantes comentarios sin respuesta... Este blog vuelve a quedar en suspenso hasta principios de mayo por lo menos, eso si sobrevivo a lo que se avecina. Muy poca seriedad la mía, lo sé, pero no puedo hacer otra cosa. Este es el momento también de las propuestas y las críticas. Estoy abierto a sugerencias. Ah, y gracias por estar ahí.

sábado, 8 de abril de 2006

¿Por qué escuchamos música?

AngelitosLa cuestión tiene su importancia, aunque sea para intentar justificar la existencia de la realidad sonora alternativa sobre la que versa este blog.

Si cada día absorbemos toneladas de información visual, no es menos cierto que también nuestros oídos se llevan lo suyo.

Así, de buenas a primeras, yo distinguiría las siguientes funciones principales que la música tiene en nuestras vidas:
  • Sincronización utilitaria. Ejemplos: aeróbic, marchas. Por sus cualidades rítmicas, la música permite coordinar movimientos y tareas.


  • Sincronización artística y comercial. Ejemplos: bandas sonoras de películas, canciones de anuncios, ballet, ópera. La imbricación entre los elementos es compleja, va más allá del ritmo. La música puede adoptar en un momento dado el papel protagonista, como en el caso de los musicales y los videoclips.


  • De fondo. Ejemplos: música ambiente, hilo musical. Está ahí, pero sin estorbar. No guarda relación con lo que se está haciendo, es fácil olvidarse de ella. Puede tener como finalidad la relajación.


  • Social. Ejemplos: fiestas, discotecas, algunos conciertos. La música es el centro de la actividad y tiene una función integradora, aunque a veces esté tan alta que nos impide hablar con es@ chic@ tan guap@.


  • Actividad independiente. La música como fin en sí mismo, escuchada con suma atención.
Por supuesto, todo es una cuestión de contexto, y se pueden introducir tantas matizaciones como se quiera. Sin embargo, la finalidad con que se ha pensado un tipo de música debería influir en la valoración que hagamos de ella. Aquellos sobre los que yo escribo en Fetos de Vaca Holandesa no sirven, en su mayor parte, para hacer yoga, ni se pueden poner en una reunión de amigos sin obtener reacciones contrariadas. Y aún así, entiendo que pueden merecer la pena y aportar disfrute, así como un estímulo intelectual.

Con esto no quiero decir ni mucho menos que la que a mí me gusta sea la única música que cumple con estas características, ni que toda la de uso funcional sea de mala calidad. Simplemente pretendo que esta reflexión plantee algunos interrogantes. Yo escucho música para descubrir nuevas sensaciones. ¿Y ustedes?

Estoy escuchando:
Mo Boma - "Terrace"

viernes, 7 de abril de 2006

Alucinaciones de brocha gorda

Dungen: Ta Det Lugnt
Sinnamon Records / Psicodelia
Es una simple cuestión de estadística: no quiero ni pensar en la cantidad de buena música que surge en países ajenos a los grandes circuitos de distribución y que nadie conoce. La historia de la música popular del siglo XX, como tantas otras, se ha escrito desde un punto de vista geográfico reduccionista. Dentro del pop-rock, un grupo que no provenga de Gran Bretaña o Estados Unidos es realmente afortunado si consigue algo de prestigio internacional. Alemania, Francia, Oceanía y Canadá lo tienen algo más fácil, y artistas tan llamativos como Björk, Sigur Rós o Múm han colocado a Islandia en el mapa, pero ¿qué pasa con Suecia, por ejemplo? ¿O es que después de Abba a sus compatriotas les da vergüenza colocarse delante de un micrófono?

No voy a erigirme ahora en gran conocedor de la escena musical sueca, porque nada más lejos de la verdad (los interesados harían mejor en consultar este listado de la Wikipedia). Aparte de "Dancing Queen" y la inevitable "The Final Countdown", he escuchado un pelín a un grupo de heavy metal llamado Opeth, a los Hives, y poco más. Sin embargo, eso no me impide apreciar Ta Det Lugnt, el tercer trabajo de Dungen, que data de 2004 pero acaba de editarse en nuestro país.

Ellos sonLa biografía de Gustav Ejstes no concuerda con la del típico personaje obsesionado con reproducir al milímetro todos los matices de las grabaciones psicodélicas de los Beatles, los Who, o Jimi Hendrix, aunque es cierto que le seduce el género: el líder de Dungen se crió en el campo, su primera pasión musical fue el hip-hop, domina varios instrumentos, y canta en su lengua materna.

El título del álbum podría traducirse, o eso dicen, por "tómatelo con calma". Sin embargo, Ta Det Lugnt remite a la vertiente más espontánea y roquera de la psicodelia. Una batería sutil cual elefante nos da la bienvenida en "Panda", y a lo largo de los doce temas siguientes las guitarras de alto voltaje a cargo de Reine Fiske dibujan una densa selva sonora en la que caben guiños al jazz-rock de Soft Machine o las armonías vocales de los Byrds.

Sobre esta base, el cuarteto construye su propio universo atemporal. El sentido melódico de Ejstes es algo torpe, pero tiene la ingenuidad y el encanto de lo verdadero. Los aficionados a la música de los sesenta que no estén anclados en el pasado lo sabrán valorar en su justa medida.

Más información:
Vídeos:
  • "Panda"


Estoy escuchando:
Flibbertigibbet - "Episodes"

jueves, 6 de abril de 2006

Para desafiar las leyes de la tradición

Hoy mismo comentaba que es una faena que Blogger no admita la clasificación de las entradas por categorías. Así que me he lanzado a probar un sistema casi artesanal que circula por la red, consistente en colocar palabras clave al final de cada post con la esperanza de que el buscador las localice. De este modo, cuando se busca la palabra "vídeo" dentro del blog, aparecen todas las entradas relacionadas.

Hay dos formas de acceder: bien desde cada entrada, bien desde la casilla despegable de temas de la izquierda. La primera opción es mucho más precisa, porque he incluido unos caracteres extraños que deberían acotar la búsqueda, pero parece que Blogger tarda en registrar estos cambios, así que de momento no funciona. Y ni siquiera tengo claro que consiga incorporar las entradas antiguas.

El menú de temas, en cambio, trabaja con unos términos más comunes, así que no tiene demasiada gracia, pero es que quería ver resultados inmediatos por algún lado. Si lo otro marcha bien, habrá modificaciones. En fin, en este momento no tengo muy claro que valga la pena tanto enredo, pero ahí está.

Más información:

sábado, 1 de abril de 2006

Exposición al alma frippiana

Sonríe un poco, Robert

Robert Fripp, guitarrista y líder del grupo de rock progresivo King Crimson, es el prototipo del músico cerebral y frío, al que no le interesa lo más mínimo plasmar su personalidad en lo que hace. A pesar de ser el único nexo común en todas las encarnaciones del Rey Carmesí, este excéntrico gentleman no suele monopolizar las tareas creativas, y a menudo la calidad de su música depende del nivel de los colaboradores de turno.

De ahí los llamativos cambios estilísticos atravesados por la banda a lo largo del tiempo: In The Court Of The Crimson King (1969), un debut considerado el punto de partida oficial del movimiento progresivo (uno de los más pujantes en la primera mitad de los setenta), no tiene casi nada que ver con trabajos posteriores como Larks' Tongues In Aspic (1973) o Discipline (1982).

Como artista en solitario, Robert Fripp suele rehuir del formato canción (al fin y al cabo, nunca canta ni escribe letras) para centrarse en la música instrumental, bien pseudobailable, bien cercana a lo ambiental. Uno de sus principales descubrimientos es una técnica de superposición de los sonidos de su guitarra que desarrolló junto a Brian Eno en No Pussyfooting (1973) y a la que primero denominó Frippertronics (a su manera, el hombre tiene algo de sentido del humor), y más tarde Soundscapes o paisajes sonoros.

Eno y Fripp, dos cabezas pensantesLa verdad es que escuchar todo un disco de Frippertronics puede resultar muy cansino, pero si se usan como complemento de canciones convencionales, la cosa cambia. Exposure (1979) es el mejor ejemplo de ello, y una oportunidad única para asomarnos al lado más humano de Robert Fripp. Este álbum supone una anomalía en su discografía al margen de King Crimson, en buena parte debido a las circunstancias que rodearon su gestación.

En 1974, Fripp decidía disolver King Crimson y anunciaba su retirada del mundo de la música. Después de tres años alejado de la vida pública, pasó algún tiempo como músico de estudio y productor. Resulta muy significativo que Robert Fripp fuera una de las pocas figuras de su generación respetadas por los jóvenes músicos del punk y la nueva ola. Él, que había sabido cuándo abandonar la escena para no convertirse en un dinosaurio, era ahora reclamado por David Bowie, Blondie y los Talking Heads.

SuperposiciónPara grabar Exposure, por tanto, Fripp contó con una nutrida lista de invitados. Se trata de un disco alejado tanto de los clichés del rock progresivo (muchos de los cuales él había contribuido a crear) como de la parafernalia comercial setentera. A una media de menos de tres minutos por canción, se observa un acercamiento evidente a tendencias más modernas: "Disengage" y "I May Not Have Had Enough Of Me But I've Had Enough Of You" son auténticas explosiones de un cubismo punk que dejaría fuera de juego a los mismísimos Sex Pistols.

Pero lo curioso es que, a pesar de la sucesión de intervenciones por parte de Peter Hammill, Phil Collins a la batería, y hasta Daryl Hall (sí, el del dúo de rock suave Hall y Oates), Exposure es un disco muy personal, el testimonio de quien ha superado un crítico periodo de confusión y se prepara para volver al primer plano. Aquí conviven el pasado y el futuro de King Crimson: "Breathless" actualiza "Red" vía Frippertronics, mientras que "North Star" es el prototipo de baladas como la bella "Matte Kudasai".

Algunos temas reciclan las aportaciones efectuadas por Fripp después de su reaparición a discos de otros artistas. La canción "Exposure", incluida originalmente en el segundo álbum solista de Peter Gabriel, combina un ritmo repetitivo, deletreados y lo que parece una sesión de grito primario a cargo de una de las hermanas del grupo folk The Roches.

Pero el momento más estremecedor llega al final, cuando la lejana premonición apocalíptica de "Water Music I" tiene su respuesta en el melodrama de "Here Comes The Flood", interpretado por Gabriel al piano. Los siguientes minutos de "Water Music II", Frippertronics en estado puro, ponen el broche a un álbum ecléctico y estimulante, pieza clave para recomponer el puzle frippiano.

Cuando King Crimson regresaron a comienzos de los ochenta, a muchos les costó reconocer en su nueva música, de influencias africanas y minimalistas, la verdadera esencia del grupo, que en el fondo no es otra que el cambio constante, el progresismo bien entendido. En los últimos diez años, el grupo sí que ha traicionado bastante esta filosofía en mi opinión, aunque se niegan a tocar la mayoría de sus temas antiguos y se mantienen con dignidad.

Más información:
Estoy escuchando:
The Insect Trust - "Trip On Me"