jueves, 9 de marzo de 2006

Netlabels (II): aspectos técnicos y legales

Las netlabels proponen un modelo de funcionamiento que, como todo lo nuevo, puede suscitar dudas. Sin embargo, y a pesar del desconocimiento por parte del gran público, comienzan a abrirse camino: en archive.org, el gran almacén de internet, hay registradas unas 8.000. Estas discográficas virtuales no suelen tener ánimo de lucro, aunque a veces se planteen vender merchandising para compensar los costes. Prefieren evitar asociaciones con los sistemas de intercambio Peer 2 Peer tales como Kazaa o Emule, por lo que la mayoría ofrecen descargas directas desde el disco duro de un servidor.

Y no es complemento circunstancialEl marco jurídico en que operan las netlabels es el de la licencia Creative Commons, una alternativa a las tradicionales leyes de propiedad intelectual diseñada por el letrado estadounidense Lawrence Lessing. Su origen radica en el software libre, pero las condiciones se adaptan también a toda clase de productos culturales. En el caso de la música, se suele permitir la distribución siempre que se respete la autoría. Hay que decir que no todos están a favor de este sistema: algunos consideran que lo que se da gratis no debería estar sometido a ningún tipo de licencia. En fin, que el debate acaba de empezar, como quien dice.

Estoy escuchando:
Trees - "Lady Margaret"

martes, 7 de marzo de 2006

Prestidigitadores en pie de guerra

Flaming Lips: At War With The Mystics
Warner Music / Pop-rock
Un tanto desconcertante este undécimo trabajo de los Flaming Lips. Tras varios discos de pop futurista y experimental, se adivina en algunos de los temas que conforman At War With The Mystics un retorno a sonoridades más roqueras por parte de los de Oklahoma. La culpa la tienen esas guitarras torpes y coloristas, como a ellos les gustan, que desde hacía algún tiempo tenían algo arrinconadas en favor de las orquestaciones sintéticas.

En los tres años transcurridos desde la publicación de Yoshimi Battles The Pink Robots (2002), un álbum en el que exploraron las posibilidades de las modernas técnicas de producción, los Lips han recorrido medio mundo con su espectáculo multimedia (las lluvias de confeti en sus conciertos son célebres), terminado el rodaje de una disparatada película titulada Christmas In Mars y versionado a clásicos como Black Sabbath y Queen. At War With Mystics se abre precisamente con "The Yeah Yeah Yeah Song", un guiño a los juegos vocales de "Bohemian Rhapsody". A partir de ahí, la pauta está marcada; y si bien el carácter festivo reinante remite a glorias pasadas, en sus letras Wayne Coyne continúa su reflexión sobre las verdades cósmicas y la magia de lo cotidiano.

Caña a los místicosEl resultado es un carrusel lisérgico en 12 cortes o, si se quiere, una síntesis algo extraña que bebe de elementos tan dispares como la psicodelia, la música disco o el exotismo propuesto por Esquivel y Joe Meek. Eso sí, la positiva impresión general se diluye un tanto con el examen detallado: no hay aquí ninguna canción tan grandiosa como "Race For The Price" o "Do You Realize". Con todo, At War With The Mystics conserva la mayor cualidad de los Flaming Lips, ese algo indefinible, el motivo por el cual perdonamos todos sus excesos. Y es que a estas alturas de una carrera impredecible como pocas, estos cuarentones de joven corazón aún son el perfecto antídoto frente al cinismo dominante.

Temas relacionados:
Estoy escuchando:
June Of 44 - "Arms Over Arteries"

domingo, 5 de marzo de 2006

Post-definiciones

A la hora de intentar entender este revoltijo que es la música actual, uno se encuentra con varios términos que llevan el prefijo "pos(t)". Que, como todos sabemos, significa "detrás de" o "después de". ¿Significa eso que estamos de vuelta de todo?

La RAE dixitPor supuesto, el más importante de estos "palabros" es el posmodernismo, común a la sociología y las demás artes. Su influencia se palpa en muchos géneros, y la desconfianza hacia los pensamientos totalizadores es una de sus principales características. Por eso cuesta tanto llegar a una definición exacta. La más clara manifestación posmoderna en la música popular se produce cuando el compositor adopta un punto de vista muy similar al de un científico. Me explico. Ya no se trata de argumentar un discurso coherente con una finalidad concreta (que la gente baile, sienta, se rebele o piense), sino de combinar estilos hasta obtener un resultado que no responde a una lógica establecida por terceros. Lo que Frank Zappa, John Zorn o Ween han aportado a este concepto es un saludable acercamiento al pop-rock (y en ocasiones el jazz).

Ahora bien, no hace falta llegar a tales extremos. La introversión y el distanciamiento de los que los artistas independientes hacen bandera también se relacionan con el posmodernismo. En el fondo, reflejan una situación evidente: hoy día nadie puede proclamarse portavoz más que de grupos sociales minoritarios.

En unas coordenadas algo diferentes se encuadran el post-punk y el post-rock (hay quien habla incluso de post-metal), pero eso mejor dejarlo para otro día.

Estoy escuchando:
Orchestra Baobab - "Coumba"

sábado, 4 de marzo de 2006

De congresos y pasillos

Yo soy el del chubasqueroAcabo de regresar de Huesca, donde he asistido al VII Congreso de Periodismo Digital. En el Centro Cultural del Matadero, nada menos. A mí me ha aportado bastante, pero creo que resulta significativa la confusión que existe en torno a ciertos conceptos, como el de periodismo ciudadano.

La gente ve con incertidumbre la nueva relación con las fuentes y los lectores que la Red plantea a los periodistas. No creo poder aportar gran cosa a este debate entre apocalípticos e integrados, pero me sumo al sector moderado: internet es un medio que ofrece inmensas posibilidades, y hay sitio para todos. También me gustaría resaltar la cada vez mayor presencia de los que aún no estamos integrados en el mundo laboral: los participantes en la mesa redonda de estudiantes, con alguna excepción muy puntual, expusieron algunas de las ideas más interesantes de las jornadas. Si quieren saber más, les remito al Aragón Digital (la foto la he sacado de ahí).

Se ve que estos temas van teniendo una presencia importante en los ámbitos profesional y universitario. A finales de abril hay una nueva cita, el Congreso Internacional de Blogs y Periodismo en la Red organizado por la Universidad Complutense. Y parece que se va a hablar del tratamiento de la información especializada (lo cual incluye a la música) a través de las nuevas tecnologías.

jueves, 23 de febrero de 2006

Netlabels (I): un poco de historia

No todos los lugares en los que se puede descargar de forma gratuita música en internet están en el punto de mira de la SGAE. Las netlabels o cibersellos se han convertido en una propuesta muy atractiva para los melómanos. Ofrecen discos en formato mp3 con el consentimiento de sus autores, los cuales obtienen así una difusión inimaginable por otros cauces.

Esto no sonaba demasiado bienLa historia de las netlabels se remonta a pequeñas comunidades virtuales de finales de los ochenta relacionadas con los videojuegos y el intercambio de música electrónica en formato MOD. Corrían los tiempos de las consolas Atari y Amiga. En las BBS, antiguos "tablones de anuncios" digitales conectados por vía telefónica, se comenzaron a distribuir las llamadas demos, paquetes de archivos que incluían música, texto y efectos visuales.

Con la aparición del mp3 en los años noventa, la música que circulaba por internet ganó en calidad y dejó de ser una simple acumulación de chirridos de procedencia galáctica. Las nuevas tecnologías de compresión del sonido y la implantación de la banda ancha han favorecido la proliferación de multitud de netlabels: la Kosmic Free Music Foundation, una de las más antiguas, se mantuvo en activo desde 1991 a 1999.

Después de tantos años, la vinculación con los ritmos electrónicos es aún muy fuerte: resulta comprensible que los músicos que componen por ordenador sean los más proclives a este modelo; están familiarizados con el medio y el suyo es un mercado tan saturado que cuesta hacerse un hueco de otra manera. Por si fuera poco, existe una netlabel, 8bitpeoples, en la que se dan cita entusiastas imitadores de las melodías que amenizaban los clásicos matamarcianos. Parece que, por mucho que avance la técnica, siempre quedará un resquicio para la nostalgia.

Temas relacionados:
Estoy escuchando:
Muddy Waters - "Soon Forgotten"

martes, 21 de febrero de 2006

Un nuevo comienzo

Fuera máscaras. Por mucho que me haya marcado el apodo que me puso mi profesor de latín en el instituto (es broma), ya es hora de que me presente formalmente. Por cierto que lo de pequeño bimbache viene de los habitantes aborígenes de La Gomera; por favor, no lo interpreten como una reivindicación nacionalista. Me llamo Ayoze García, nací en Tenerife (Islas Canarias, España), aunque ahora resido en Madrid, y soy licenciado en periodismo. Mi cara parece un colador y, como ya saben, me apasiona la música en una buena parte de sus manifestaciones.

¿Que por qué escogí un nombre para mi blog tan desagradable y poco relacionado con el tema? Es una larga historia. Un día estaba con mi padre en casa y fui a sacar algo de la nevera. A los dos nos llamó la atención el misterioso contenido de un tupperware (léase tuperguar). "Qué será eso", preguntó él. "Fetos de vaca holadesa" fue mi respuesta, motivada por no sé qué procesos de asociación. Y hasta hoy. Supongo que con un poco de mala intención se podría encontrar una similitud fisiológica entre dicho título y la naturaleza de mis pensamientos, pero mejor dejémoslo como está.

Y por último, mis planes para el futuro inmediato: no me he olvidado de mi promesa de compartir mis bastante endebles opiniones sobre el hip-hop, estoy en ello. Pero antes publicaré un reportaje sobre las netlabels que llevo un par de semanas preparando. Y eso es todo. Me comprometo al menos a dos actualizaciones semanales. ¡Ahí queda eso!

Estoy escuchando:
Nas - "One Time 4 Your Mind"

viernes, 27 de enero de 2006

Con Mozart esto no pasaba

Otros tiemposAntes de volver al fragor de los estudios, me permito una reflexión sobre el 250 aniversario del nacimiento de Wolfgang Amadeus Mozart que se celebra hoy. Todos conocemos las trágicas circunstancias que rodearon sus últimos días. Las penurias monetarias le obligaron en su lecho de muerte a aceptar el misterioso encargo de componer un réquiem, que dejaría inconcluso. Desde nuestra perspectiva, cuesta entender cómo un genio de su categoría pudo acabar así.

Mozart fue en el último periodo de su vida un pionero en redefinir las relaciones entre el artista y la sociedad. Su ruptura con el sometimiento a los caprichos de los mecenas supuso el primer paso hacia una independencia de los músicos cimentada en las buenas relaciones con la burguesía urbana. Sin embargo, su carácter derrochador, sus excentricidades y la susceptibilidad de un público poco acostumbrado a las audacias le robaron el unánime reconocimiento que merecía. Durante el siglo largo siguiente, capitalismo y arte se aliaron y permitieron a otros alcanzar la plenitud en todos los aspectos.

Tendríamos que preguntarnos si hoy día el márketing no habrá desequilibrado definitivamente la balanza. Lo más sencillo sería rendirse a la nostalgia y hacer oídos sordos. Ahora bien, clama al cielo que un cantante pop de cuestionable talento como Billy Joel tenga a su disposición para publicar una serie de obras seudoclásicas medios con los que Ligeti no podría ni soñar.

¿Que quién es Ligeti? Ésa es otra cuestión. Existe un abismo perceptivo entre los críticos especializados y los aficionados a la música que no sólo afecta a sesudos hacedores de partituras atonales. Resulta comprensible que dichos experimentos, necesarios para abrir horizontes, no atraigan a profanos, pero entre ellos y las listas de éxitos se sitúan tendencias desconocidas y aprovechables: desde el minimalismo, todo un hallazgo, hasta las proposiciones de los músicos más creativos que se mueven en el extenso ámbito de lo popular.

Por supuesto que a nadie le gustaría ser considerado el nuevo Mozart. Pero es que Mozart no fue el nuevo Bach, ni Bach el nuevo Palestrina. Cada sociedad mantiene con sus talentos una simbiosis llena de admiración y vértigo; no se sabe muy bien lo que ha ocurrido con la nuestra de un tiempo para acá. En todo caso, la cultura no debería limitarse a rendir pleitesía ante un canon inamovible.

Estoy escuchando:
Linda Perhacs - "Sandy Goes"

miércoles, 11 de enero de 2006

Cerrado por exámenes

Me temo que antes de la segunda mitad de febrero no voy a poder actualizar demasiado este blog. Sigan disfrutando de la buena música (cada uno tiene la suya), y hasta pronto.

lunes, 26 de diciembre de 2005

DJs, MCs, R2-D2

En esencia, un grupo de hip-hop está compuesto por un MC o maestro de ceremonias que "rapea" o recita con una particular cadencia, y un DJ o disc-jockey que aporta el fondo musical.

Rapear resulta relativamente sencillo, pero cabe establecer matices. Los entendidos saben apreciar si un MC tiene una buena fluidez o flow, así como su soltura con las rimas o habilidad para sortear los numerosos clichés del género. El tema favorito de los raperos suele ser la exaltación de su propia valía y de la legitimidad del hip-hop como forma de expresión, aunque hoy día el abanico se haya extendido hasta límites insospechados.

En las manos del DJ queda la responsabilidad de aliviar entonces la monotonía en la que puede caer el recitado del rapero. Para ello recurre a todo tipo de técnicas (cajas de ritmos, scratching), si bien los samples o muestras de otros discos son su principal arma. Los mejores DJs extraen de su contexto original pequeñas frases musicales y construyen con ellas un esqueleto de ritmos repetitivos que rellenan con solos de guitarra, orquestas, extractos de discursos, o cualquier sonido que se pueda imaginar. Figuras del funk tales como James Brown y Parliament son probablemente los más sampleados.

Estos son, pues, los tan poco convencionales parámetros en los que se mueven los músicos de hip-hop. Luego los resultados dependerán de cada cual.

Estoy escuchando:
Run DMC – "Hard Times"

martes, 20 de diciembre de 2005

El hip-hop y yo

O bien, "aventuras y desventuras de un blanquito de clase media con un moderado interés por el rap". Puede que les haya pasado lo mismo que a mí. Durante mucho tiempo eso del hip-hop me pareció una especie de broma. ¿Qué tendrán que ver con la música de verdad unos caraduras del Bronx que cuentan historias violentas con ritmos robados de fondo?

Muchas veces, ésa es la impresión que se transmite desde los medios, en parte porque la mayoría de artistas de hip-hop que triunfan, al menos en España, lo hacen apoyándose en el estereotipo del gángster machista u ofrecen un híbrido de r'n'b acaramelado. No parece, a simple vista, que sean gente con algo sustancial que decir.

Yo comencé a cambiar de opinión cuando compré rebajado el It Takes A Nation Of Millions To Hold Us Back de Public Enemy, que había leído a varios críticos describir como el mejor disco de hip-hop de la historia. No me entró mucho al principio, pero tuve que admitir que realmente había lugar para la creatividad en el género. Desde entonces, he escuchado lo suficiente como para darme cuenta de que el hip-hop, sin ser la panacea, ocupa uno de los primeros puestos en la lista de estilos más incomprendidos por el gran público. Y es una lástima. Dedicaré las próximas entradas al tema, pero de momento pueden leerse el interesante artículo (en inglés) de David Bertrand Wilson, Twenty-Some Years Of Hip-Hop, And All I Got Were These Two Masterpieces.

Estoy escuchando:
Klaus Schulze - "Ludwig II Von Bayern"

domingo, 18 de diciembre de 2005

Ganas de acumular cosas

Vengo del madrileño Salón Wedding's (C/Cardenal Belluga, 12), cerca de la plaza de toros de Las Ventas, en el que se celebra hoy una feria internacional de coleccionismo discográfico y cinematográfico. Un poco exagerada la denominación, pero para incurables melómanos como yo está bien. En realidad, no me considero un coleccionista: la poca parafernalia musical que conservo es de mis tiempos de fan de los Beatles (por cierto que un stand dedicado a los de Liverpool tenía a la venta, ¡un disco con todas sus ruedas de prensa de 1964 a 1966!). Y la única utilidad que le veo a los vinilos es que sus carpetas son mucho más vistosas que los libretos de los compactos.

Por eso tampoco tenía demasiado donde elegir. Pero por lo menos me he llevado una auténtica rareza, un álbum de los japoneses Flower Travellin' Band. Se llama Satori y suena bastante a Black Sabbath, aunque con un Ozzy algo más desenvuelto, abundancia de pasajes instrumentales y un indefinible toque oriental.

La revolución (japonesa) de las floresNo hay apenas en internet información sobre este grupo, pero por lo que podido averiguar fueron lo suficientemente populares a comienzos de los setenta como para fichar por la Warner. Del rock nipón, sólo conozco a Ghost y un poco a los Boredoms, aunque me gustaría ampliar mis conocimientos sobre el género, reputado por su fascinante extremismo. ¡Ojalá este tipo de grabaciones fueran algo más fáciles de localizar!

Estoy escuchando:
Smog - "Bathysphere"

viernes, 16 de diciembre de 2005

Ecos subterráneos de Jamaica

Ayer por la mañana pasaba bastante zumbado por una estación de metro y había un chaval tocando con una guitarra eléctrica el tema de Bob Marley "No More Trouble". Me alegró bastante, la verdad, y quisiera homenajear desde aquí a la gente que se gana la vida de esta forma, ya interpreten un concierto de Vivaldi o una ranchera, y sobre todo a los que no se valen de acompañamientos pregrabados. Porque se olvida uno durante un rato de que va rodeado de extraños y encerrado en un vagón a varios metros bajo tierra. Gracias.

Estoy escuchando:
Calexico - "Minas De Cobre (For Better Metal)"

sábado, 10 de diciembre de 2005

Diálogos con la trucha enmascarada

¿Mande?Trout Mask Replica (Captain Beefheart & The Magic Band, 1969) es un disco, cuanto menos, pintoresco. Yo lo escucho de pascuas a ramos y, desde luego, no por placer. Cualquiera que disfrute con esa mezcla caótica de blues primigenio, free jazz y rock, una de dos, o ha trepado a un escalón superior de la percepción, o está algo tocado del ala. Sin embargo, tiene su utilidad: para mí es una especie de purgante. Ya se sabe, a veces lo abrasivo es lo que mejor corroe la mugre.

Pero hay más. Al contrario que tantísimas obras vanguardistas de los últimos cien años, Trout Mask Replica rebosa humanidad. El disco no suena así porque sí. Refleja la pérdida de los vínculos del hombre con la naturaleza que le rodea. Me explico. ¿No es el blues la música rural por excelencia en los Estados Unidos? Ni siquiera el country tiene una textura tan terrosa. Pasemos, pues, por la batidora el blues, y añadamos todo tipo de elementos sonoros propios a la esquizofrenia de la gran urbe (guitarras eléctricas, invertebrados solos de saxo), y a ver qué pasa.

Ni que decir tiene que el buen capitán (nombre de nacimiento: Don Van Vliet) llevó a cabo esta operación deformante de forma totalmente intuitiva. Sólo así pudo evitar caer en la pedantería más absoluta. Lo que se le escapa a mucha gente es que lo interesante de Trout Mask Replica no son las circunstancias casi míticas de su gestación (que si Beefheart compuso todas las canciones en una única sesión al piano de ocho horas, que si tardó meses en enseñárselas a la Magic Band, que si se negaba a llevar auriculares al grabar sus partes). Eso son simples anécdotas, aunque suelan ser esgrimidas por los defensores del álbum para probar que no, no son cinco tíos que se juntan y tocan lo primero que les sale. De acuerdo. No tengo la menor duda de que Trout Mask Replica puede clasificarse como música, incluso según los criterios más estrictos. Otra cuestión es que no suene bien, pero, ¿por qué habría de hacerlo?

El interés, para mí, tampoco radica en descubrir tras el shock inicial una música regida por su propia lógica, al margen de convenciones, sino en que esa música está al servicio de un alegato conmovedor, divertido e irritante a partes iguales, que habla de abandonar este mundo de ceños fruncidos en el que nos hemos encerrado, dejar de matarnos unos a otros, y volver a la vida salvaje, a las tradiciones ancestrales, a ser felices. Cuando lo digo yo suena cursi, pero no cuando lo hace el capitán: en parte porque su voz es la de un cantante de blues que ha perdido el juicio, en parte porque emplea todo un arsenal de recursos poéticos surrealistas, que dan más fuerza al mensaje en vez de oscurecerlo. E incluso en su desesperación, Van Vliet conserva la mirada inocente de un niño, y se ríe de sí mismo dando lugar a momentos de excéntrica euforia.

De modo que eso es en mi opinión Trout Mask Replica: una obra disonante e inaccesible, pero no del todo carente de justificación. No se trata del mejor disco de rock de la historia, ni guarda secretos indescifrables, pero tampoco lo considero una ruidosa burla o un acertijo sin solución. Captain Beefheart tenía algo que contarnos, y en estos tiempos de cambio climático y revisión a la baja del protocolo de Kioto, no estaría de más prestar un poco de atención. Lo digo medio en serio.

Estoy escuchando:
Julian Cope - "Hanging Out & Hung Up On The Line"

domingo, 4 de diciembre de 2005

Dos observaciones nocturnas

Paseando por Madrid se ven cosas realmente llamativas. Por ejemplo, hay una tienda de discos cerca de la zona de Moncloa con un cartel en el escaparate que lamenta la escasa cultura musical de los españoles y reta a los viandantes a reconocer el mayor número posible de los discos expuestos. El lugar se especializa en música industrial y dark ambient, muy tétrico todo. Recuerdo que estaban Kraftwerk y Death In June, y alguno más. Lo cierto es que la mayoría de los nombres me resultaban desconocidos, así que deduzco que soy bastante analfabeto en tales lides...

Por otra parte, me queda el consuelo de que en este país todavía se escucha a Manolo Escobar. Esta noche lo comprobé: un coche iba por la calle con aquello de "¿Dónde Estará Mi Carro?" a todo volumen. Sin complejos. Me quito el sombrero.

Estoy escuchando:
Gryphon - "Second Spasm"

viernes, 2 de diciembre de 2005

La hora de los jóvenes amantes

La novedad discográfica que tengo más ganas de tener entre mis manos es, sin duda, Hello Young Lovers, del veterano dúo Sparks.

El sprint hacia la gloriaLos hermanos californianos Ron y Russell Mael (siempre los confundo) han tenido una de las trayectorias más impredecibles dentro de la música popular. Su imagen, entre frívola e intelectual, atrae tanto como repele, pero desde sus comienzos como grupo pop de vanguardia en los primeros setenta, pasando por su traslado a Inglaterra, donde obtuvieron sus mayores éxitos, hasta sus colaboraciones con el gurú de la música disco Giorgio Moroder, Sparks estuvieron durante más de una década en la cresta de la ola, tocando géneros como el art-rock, el glam y la música de baile. Este carácter inquieto les ha valido la admiración de los Ramones, Morrisey y Faith No More, entre muchos otros.

Luego llegaron los ochenta, y cayeron presa de la monotonía y el empobrecedor sonido de los sintetizadores. No fueron los únicos, pero eso no sirve de excusa. Algunos de sus discos de esa época mantenían un cierto nivel de decencia, pero en general parecía que Sparks nunca recobrarían su ímpetu innovador. Sin embargo, se aproximaban tiempos mejores. Durante la mayor parte de los noventa la franquicia Mael guardó silencio. Editaron Plagiarism (1997), un disco en el que repasaban algunos de sus temas emblemáticos, mientras que lanzamientos como Gratuitious Sax And Senseless Violins (1994) y Balls (2000) mostraban esperanzadores signos de haber asimilado las modernas técnicas de la música electrónica.

Todo esto entra dentro de lo medianamente esperable. Son bastantes los grupos que tras una travesía por el desierto de décadas han recuperado recientemente la forma, o al menos la dignidad, en un retorno a sus orígenes matizado con ciertos aires modernos. Sparks, en cambio, se han reinventado radicalmente y con Lil' Beethoven entregaron hace tres años no el mejor disco desde, que es la expresión habitual en estos casos, sino la culminación de toda su carrera, sin medias tintas. Ni siquiera voy a intentar describirlo. Denle una oportunidad, si es que quieren escuchar lo mejor que, para mí, ha dado el pop de sí en lo que llevamos de siglo XXI: un puñado de canciones original, memorable y con sentido del humor. De modo que comprenderán mi interés por Hello Young Lovers, su primer trabajo desde entonces. Será en febrero; para empezar, uno de los temas se llama "(Baby, Baby) Can I Invade Your Country", así que la cosa promete.

Estoy escuchando:
Sugar - "Hoover Dam"

Las portadas exigen su independencia

El diseñador no tiene la culpa del contenido

Ya me ha pasado un par de veces. Veo a alguien con una chapa o un fondo de escritorio con la portada de un disco y les pregunto. ¿Has escuchado The Velvet Underground & Nico? O bien, ¿de veras te gustan Emerson, Lake And Palmer? Y no, lo que pasa es que les ha gustado la imagen en sí, y conocían a su autor (Andy Warhol, H. R. Giger), no al grupo. Bastante curioso.

Estoy escuchando:
Ween - "Don't Shit Where You Eat"

miércoles, 30 de noviembre de 2005

Lo mejor, ¿lo que más vende?

Me refiero al tema de los recopilatorios, que se pone de actualidad siempre que se aproximan las fiestas navideñas. Suelen ser baratos, aprovechan toda la capacidad de un CD y seguro que tienen esa canción que tanto suena en la radio. Para alguien que se compre cuatro discos al año, la decisión parece bastante clara. Pero también aquí le pueden estafar a uno, de modo que lo mejor es informarse. Veamos algunos tipos de recopilatorios especialmente nefastos:

  • Los incompletos: no tiene perdón que el All The Best! de Paul McCartney obviara "Maybe I'm Amazed", su mejor tema en solitario, por mucho que no se haya editado como sencillo.

  • Los redundantes: aplicables sobre todo a grupos con escaso repertorio. Valga de ejemplo The Best Of Big Star, que incluye 14 canciones sacadas de los dos primeros álbumes del grupo, ¡disponibles en su totalidad en un solo compacto! Y no digamos ya cuando de un mismo músico se sacan veinte recopilatorios prácticamente iguales entre sí.

  • Los engañosos: un título como The Best Of Ray Charles carece de sentido si el disco en cuestión se centra en su producción de jazz instrumental, ni de lejos la más importante o representativa del conjunto.

  • Los regrabados: comunes en estrellas del primer rock 'n' roll, tales como Chuck Berry y Roy Orbison. Orbison todavía tenía excusa, porque sus grabaciones originales no estaban en circulación, pero normalmente el único criterio que rige es el monetario. Mención especial para las reinvenciones, normalmente muy poco afortunadas: aún siento escalofríos cuando recuerdo la vez que me compré un disco de John Martyn titulado algo así como Solid Air... Revisited. Pensaba, inocente de mí, que sería una reedición de su álbum de 1973, Solid Air. ¡Y no! Aquello eran nuevas versiones de sus temas folk transformados en abominaciones de pop bailable dignas de Phil Collins. Aterrador, ¿eh?

Por supuesto, son muchos los casos en los que los recopilatorios resultan útiles y hasta imprescindibles (The Police son un caso paradigmático), sobre todo cuando queremos conocer por encima un género muy específico y poco accesible, como puede ser el rock de garaje sesentero. Entonces una caja como Nuggets, que recoja una o varias canciones de los artistas más destacados, es de compra obligada. Luego igual acabas buscando hasta debajo de las piedras el debut de los 13th Floor Elevators, pero es lo que tiene.

sábado, 26 de noviembre de 2005

Electrónica por el morro

Si les apetece bajarse algo de electrónica de forma gratuita y LEGAL, para variar, échenle un vistazo a la página de Thinner/Autoplate, que ofrece multitud de discos "entre la música ambiente y el minimal house, la mayoría envueltos con toques de dub". Obviamente, los artistas no son de primera fila. Sin embargo, más que a un tema de calidad, el hecho de que regalen su trabajo se debe a la tremenda saturación del género y a la ley de la oferta y la demanda.

¿Recomendaciones? Jason Corder y Deluge para empezar, pero hay muchísimo donde elegir. Y si consideran este tipo de iniciativas un derroche inútil, háganse la siguiente pregunta: ¿quién puede garantizar que el próximo Aphex Twin no empezará de esta manera?

Estoy escuchando:
Siouxsie And The Banshees - "Happy House"

Hay mucha belleza en el mundo

Bueno, pues, ¿valió la pena? La verdad es que sí. Les cuento. Llegué al Divino Aqualung algo después de las 18:45, y según entraba escuché los acordes de "Here I Dreamt I Was An Architect". Los Decemberists ya estaban manos en la masa. Me dio un poco de rabia, pero no pude llegar antes, y no conocía el sitio. Luego me enteré de que aquélla había sido la primera canción. En todo caso, parece que no fui el único: hubo quien se los perdió del todo, y habían venido por ellos. No estamos acostumbrados a la puntualidad en este país, y menos en lo referente a espectáculos, así que no es de extrañar que tal rigidez nos pillara desprevenidos a muchos.

De todas formas, vi la mayor parte de su actuación. Estuvieron muy simpáticos, sobre todo la violinista y su instrumento parlante. Eché de menos la tremenda "The Infanta" y algún tema más, pero se ve que aún disfrutan sobre el escenario, y rebosan buenas vibraciones.

Por cierto que cuando dije que The Dirty Three aportarían el elemento impredecible, no tenía ni idea de lo que estaba por llegar. Mientras los roadies hacían su trabajo después de que se retiraran los Decemberists, apareció un tipo ataviado de desquiciado profesor de matemáticas de instituto (vaqueros, jersey viejo, camisa de cuadros), cogió un violín, lo conectó, y empezó a tocarlo como una guitarra haciendo un ruido terrible. Aluciné. Resulta que Warren Ellis (a la izquierda en la foto de abajo, ahora lleva barba) es todo un showman: desde ese momento no dejó de gesticular, contornearse, gritar, dar saltos y patadas al aire y, en fin, de comportarse como si estuviese en un concierto de Van Halen, y los fotógrafos encantados, claro. Llegó a mosquearme un poco. Menos mal que también demostró ser un virtuoso capaz de hacer con su violín lo que le diera la gana. Y no es que sus compañeros desempeñaran el papel de mera comparsa, ni mucho menos. Simplemente, era difícil quitarle a Ellis la vista de encima, y el aumento del nivel de decibelios en las interpretaciones también le favoreció.

Por último, lo de Mercury Rev fue puro espectáculo, con imágenes de fondo y calculado al milímetro, pero no menos fantástico por ello. Me llevé una impresión semejante a la de un concierto de los Flaming Lips al que asistí hace tres años, también del festival de Wintercase, pero en la sala Arena. Sólo faltó el confeti: Jonathan Donahue apenas toca ya la guitarra (ahora prefiere imitar el aleteo de un cisne o blandir una sierra) y se han pulido todas las aristas sonoras del grupo. No digo que Rev sean un calco de los Lips, pero la evolución paralela que han seguido ambos me resulta, cuanto menos, curiosa. Ninguno toca apenas temas de sus primeros álbumes, porque ellos tampoco son los mismos y han atravesado drásticos cambios de personal. Empezando por "Secret For A Song" y terminando con un generoso bis, Mercury Rev pusieron la guinda a un pastel suculento sin matices. Yo, al menos, quedé satisfecho. Y prometo no volver a hablar de conciertos ni mencionar a estas bandas en un buen tiempo.

Estoy escuchando:
Paco de Lucía - "Gloria Al Niño Ricardo"

viernes, 25 de noviembre de 2005

Diciembre en noviembre

A estas alturas, ya no se le ocurre a casi nadie acusar a los Decemberists de copiar el estilo de Neutral Milk Hotel. Y es que Colin Meloy y compañía han logrado lo que hoy día es muy difícil, cavar su propia trinchera. Con sus curiosos arreglos (pianos, acordeones, guitarras acústicas) y sus historias sobre piratas, prostitutas y bebés muertos (la escalofriante "Leslie Anne Levine" es mi favorita entre sus canciones), la música de los Decemberists busca hacernos disfrutar, emocionarnos con sus bonitos estribillos y recrear la sensación de suspense de noches junto a una hoguera campestre.

¿Nos vamos a los San Fermines?Admito que para mí son el grupo "de relleno" del cartel, en el sentido de que probablemente no me molestaría en ir a verlos si vinieran solos, pero ya puestos, no dudo que me lo voy a pasar muy bien con ellos. Así que, lo dicho, nos vemos (o no) esta tarde en la sala Aqualung (Paseo Ermita del Santo, 48, al lado del río Manzanares), muy tempranito, a eso de las seis y media. ¡Hasta pronto!

Estoy escuchando:
Dirty Three - "Backwards Voyager"