The Knife / Silent Shout
Mute / Synth-pop
Mute / Synth-pop
Como quien no quiere la cosa, The Knife son el tercer grupo sueco al que le dedico una entrada en este blog. Casualidades de la vida... El caso es que los hermanos Dreijer se han colocado con Silent Shout en el pelotón de cabeza de un género tan interesante como poco practicado: el pop sintético y vanguardista.
Al intentar describir esta música, me vienen a la cabeza varias comparaciones: Brian Eno, los Residents, Björk, los Talking Heads... pero quizá resulte más fácil recurrir a un referente visual como, por ejemplo, las películas de Tim Burton. The Knife practican la misma morbosidad romántica y crepuscular, aliviada por un sentido del humor sutil pero palpable. Y bajo sus máscaras, estos dos tímidos personajes esconden un sorprendente arsenal de trucos.
La hipnótica base electrónica y los murmullos de ultratumba que introducen el álbum dan paso al pulso machacón de "Neverland", pero no es hasta el tercer tema cuando la cosa se sale de madre. "The Captain" comienza con tres minutos de silbidos árticos, tres minutos que dan al traste con cualquier expectativa del oyente, preparado ya para admirarse con los coros celestiales de la segunda parte.Y ya a partir de ahí, cabe esperar desde las baladas más tiernas hasta los números bailables más salvajes ("We Share Our Mother's Health" debería ser, en mi humilde opinión y con permiso de Madonna, el tema discotequero del año).
Pese a su variedad, todas las canciones de Silent Shout giran en torno a la particular química que los Dreijer han logrado capturar en el estudio: Karin aporta las melodías y letras, mientras Olof, que se define como "un DJ de mente estrecha al que le encanta el tecno de la vieja escuela" se encarga del envoltorio, que en este caso juega un papel determinante.
El fondo musical suele ser, en efecto, bastante espartano, en la línea de artistas como Isolée, pero The Knife explotan al máximo esa limitación aparente, y la convierten en el mejor apoyo para la voz de Karin Dreijer, tratada artificialmente hasta alcanzar los registros más insospechados: hombre y mujer, niño y anciano, ángel y demonio.
Este travestismo interpretativo tiene gran parte de culpa de la ambigüedad emocional que transmite Silent Shout y, al mismo tiempo, constituye una de sus grandes bazas. No hay más que escuchar "One Hit": una esposa maltratada es quien canta la primera estrofa; en el momento en que su marido toma la palabra, la voz se deshumaniza hasta lo grotesco, en una transformación más elocuente que cualquier parrafada políticamente correcta.No sé. Este es un disco que estremece, invita a mover el esqueleto y da que pensar a partes iguales. Yo no pediría mucho más. A primera vista, eso sí, algunas de las canciones pueden parecer un poco tontas. Pero es que si nos ponemos más serios de la cuenta, incluso la mitad del Let It Be de los Replacements puede parecer puro relleno. Y de eso ni hablar.
Más información:
- Pitchfork Media - Entrevistas por separado con Karin y Olof
- Sitio oficial
Vídeos:
- "Silent Shout"
- "We Share Our Mother's Health"
- "Marble House"
- "Like A Pen"
Estoy escuchando:
Meredith Monk - "Dolmen Music"
Meredith Monk - "Dolmen Music"

Diré que si bien "The Ghost" es una gran canción (y por supuesto, abre el disco), el resto de los temas me dejan con la sensación de que estos cuatro músicos son un poco... perezosos. A veces me pregunto, ¿dónde está el aliciente en fabricar un sonido tan reconocible, tan fácilmente etiquetable? Si tuviera que describir 
"Joanna Newsom es una de las artistas más prometedoras del panorama musical actual". Eso es lo que les dije hace unos meses a unos amigos después de que escucharan "The Book Of Right-On", una simpática canción de su álbum de debut, 






No pienso ni por un momento entrar a valorar los méritos musicales del último gran mártir del rock. Sus canciones están bien, pero lo que más me llama la atención de Kurt Cobain es el honroso interés que mostró en vida por promocionar a su intérpretes favoritos, en su mayoría una serie de perfectos desconocidos que sobrevivieron durante las vacas flacas de los ochenta en diminutas discográficas americanas independientes. Si algo tenía el líder de Nirvana, era un gusto impecable para la música ajena: por sus camisetas, declaraciones y versiones en caras B, se sabe que era seguidor de Sonic Youth, los Pixies y Neil Young, pero también de Os Mutantes y del cantautor marginal Daniel Johnston.
Una idea simple, y tan revolucionaria. En décadas anteriores, a casi nadie se le había ocurrido explorar de manera sistemática las posibilidades instrumentales del heavy metal. El grupo del guitarrista Dylan Carlson llevó a comienzos de los noventa esa premisa hasta el extremo, y dio con una combinación a priori improbable: el metal ambiental, lo que ahora se conoce como
Today Is The Day se especializan en un tipo de música psicológica y afilada, y han desarrollado durante más de diez años una carrera tan interesante como impredecible. Su líder Steve Austin es, además de un admirador de King Crimson y Black Sabbath, uno de los compositores más versátiles del heavy metal moderno. Y menos mal, porque de lo contrario, las más de dos horas de duración de
Las canciones de duración normal no se hicieron para este dúo de guitarra y batería. Así, si hace unos años metieron en un EP ¡99 en 13 minutos!, con 
Admitamos como hipótesis de trabajo que la composición musical consiste, en parte, en explorar las posibilidades de cada instrumento. De esto sabían mucho los clásicos, que necesitaban conocer, por ejemplo, los mecanismos de funcionamiento de las partes integrantes de una orquesta: de qué formas puede un violín articular una frase melódica, o los ciclos de respiración de los intérpretes de la sección de viento. Y por supuesto, el órgano, el contrabajo, el saxofón, todos tienen una sonoridad determinada.
Pero quizá las dos figuras que mejor están explotando este nuevo género aún por definir sean DJ Shadow y Amon Tobin. Su música es electrónica en el proceso, no en el resultado. Discos como
La renovación propuesta por estos chicos tiene su más claro precedente en la banda de Washington de principios de los noventa Nation Of Ulysses, y pasa por incluir interludios de jazz, música electrónica y clásica. La cosa tiene su gracia (al final de la primera canción, un DJ italiano introduce emocionado un remix tecno del tema "Refused Party Program"), pero el núcleo de este álbum es pura furia, a poca distancia de grupos actuales de hardcore extremo como Dillinger Escape Plan o los Blood Brothers. El cantante utiliza el mismo tono incendiario, que más que un grito, es un gruñido amplificado y casi ininteligible que sale de lo más profundo de la garganta.
¿Veredicto? La aparente fusión revolucionaria que proponen Refused no es tal, sino mera yuxtaposición. Es decir, los elementos ajenos al punk monocromo y ensordecedor que constituye la esencia del grupo sirven poco menos que de adorno. De todas formas, le quitan algo de hierro al asunto, y la ambición y amplitud de miras presentes en esta grabación me parecen merecedoras de aplauso. Buen trabajo.
Lisa ha sido una artista tardía, aunque he oído que hacía música ya de niña. Debutó en solitario con más de treinta años a comienzos de los noventa, después de haber trabajado en la banda del imitador de Bruce Springsteen por excelencia (sólo que aún peor), John Mellencamp. Menos mal que ella nunca volvió por tales derroteros. No, el estilo de Lisa Germano se caracteriza ante todo por la claridad melódica de sus canciones y los inusuales arreglos, foco de la mayor parte de la tensión. Dicho de otra manera, le gusta sabotear sus melodías, a menudo tan sencillas como bellas, envolviéndolas en extrañas combinaciones de instrumentos. Ella toca el violín, la guitarra y el piano, pero en sus discos, a menudo fruto de colaboraciones con unos pocos intérpretes escogidos, también pueden escucharse cajas de ritmos, oboes, maullidos de gato, llamadas telefónicas, casi cualquier cosa.
¿Qué lugar ocupa entonces esta muchacha perpetua de Indiana en el panteón de las cantautoras de los noventa? Digamos que tiene algo de la audacia compositiva de la mejor Tori Amos, aunque empleada con mayor sutileza, del gusto por las atmósferas etéreas de Sarah McLachlan y del infantilismo bien entendido de Björk, si bien como cantantes ambas no podrían diferir más. Y por encima de cualquier comparación, Lisa Germano lleva quince años haciendo música a su manera, sin apenas ruido. No siempre ha podido vivir de ello (su trabajo en una librería le ha ayudado a pagar algunas facturas), pero a mí personalmente me ha hecho un poco más feliz.
Leí en el gratuito
La cuestión tiene su importancia, aunque sea para intentar justificar la existencia de la realidad sonora alternativa sobre la que versa este blog.
La biografía de Gustav Ejstes no concuerda con la del típico personaje obsesionado con reproducir al milímetro todos los matices de las grabaciones psicodélicas de los Beatles, los Who, o Jimi Hendrix, aunque es cierto que le seduce el género: el líder de Dungen se crió en el campo, su primera pasión musical fue el hip-hop, domina varios instrumentos, y canta en su lengua materna.