"Joanna Newsom es una de las artistas más prometedoras del panorama musical actual". Eso es lo que les dije hace unos meses a unos amigos después de que escucharan "The Book Of Right-On", una simpática canción de su álbum de debut, The Milk-Eyed Mender (2004). Sabía que esta jovencita (de la quinta del 82, como yo) que toca el arpa, tiene una voz bastante particular y a la que se asocia con los nuevos movimientos del folk americano iba a darnos bastantes sorpresas, pero jamás hubiera imaginado que en su segundo trabajo se fuera a atrever con algo tan ambicioso.Ys se edita en noviembre, y está levantando una revuelo considerable. No es para menos: cinco canciones en cincuenta y cinco minutos, acompañamientos orquestales, imaginería medieval... Casi parece un disco de rock progresivo. Y por si fuera poco, Joanna ha colaborado para su creación con tres eminencias del circuito alternativo estadounidense, de esas que nunca acaparan la atención pero están en todos los fregados. Se las presento:
- A los arreglos orquestales y el acordeón, Van Dyke Parks. Reclutado por Brian Wilson como letrista para Smile (la malograda obra maestra de los Beach Boys), la suya ha sido una carrera discreta pero influyente. Tiene un puñado de discos en solitario, en los que explora su fascinación por el pop kitsch adornado por textos de pretensiones literarias. En el fondo, Parks es un genio incomprendido y que nunca ha desarrollado todo su potencial, pero en sus aportaciones a trabajos ajenos no suele decepcionar.
- En los controles de grabación, Steve Albini. No contento con haber capitaneado algunas de las bandas de noise-rock más inmisericordes de las últimas dos décadas (Big Black, Rapeman y Shellac), Albini se ha convertido en uno de los productores del ámbito independiente más reconocibles, debido al acabado seco y austero que imprime en todo lo que toca. Los Pixies, PJ Harvey y Nirvana, entre muchos otros, han pasado por sus manos.
- Y como autor de la mezcla final, Jim O'Rourke. Prolífico guitarrista y experimentador electrónico, miembro temporal del grupo de post-rock Gastr Del Sol y de los venerables Sonic Youth, se supone que ha sido el encargado de hallar el equilibrio entre la voz y el arpa de Joanna y la suntuosa masa instrumental de la cual se ha rodeado en este álbum.
Más información:
- Milky Moon - Web hecha por y para fans de Newsom, con una reveladora sección de extractos de entrevistas clasificados por temas
- Nota de prensa de la discográfica Drag City sobre Ys
- Ys - Artículo de la Wikipedia sobre la mítica ciudad que da nombre al álbum. Por cierto que Il Balletto Di Bronzo, un grupo italiano de los setenta, tiene uno que se llama igual
- Los chicos de la playa también lloran - Más sobre Smile y los Beach Boys
- "The Book Of Right-On" - Me encanta esta canción
Mark Lanegan - "Down In The Dark"







No pienso ni por un momento entrar a valorar los méritos musicales del último gran mártir del rock. Sus canciones están bien, pero lo que más me llama la atención de Kurt Cobain es el honroso interés que mostró en vida por promocionar a su intérpretes favoritos, en su mayoría una serie de perfectos desconocidos que sobrevivieron durante las vacas flacas de los ochenta en diminutas discográficas americanas independientes. Si algo tenía el líder de Nirvana, era un gusto impecable para la música ajena: por sus camisetas, declaraciones y versiones en caras B, se sabe que era seguidor de Sonic Youth, los Pixies y Neil Young, pero también de Os Mutantes y del cantautor marginal Daniel Johnston.
Una idea simple, y tan revolucionaria. En décadas anteriores, a casi nadie se le había ocurrido explorar de manera sistemática las posibilidades instrumentales del heavy metal. El grupo del guitarrista Dylan Carlson llevó a comienzos de los noventa esa premisa hasta el extremo, y dio con una combinación a priori improbable: el metal ambiental, lo que ahora se conoce como
Today Is The Day se especializan en un tipo de música psicológica y afilada, y han desarrollado durante más de diez años una carrera tan interesante como impredecible. Su líder Steve Austin es, además de un admirador de King Crimson y Black Sabbath, uno de los compositores más versátiles del heavy metal moderno. Y menos mal, porque de lo contrario, las más de dos horas de duración de
Las canciones de duración normal no se hicieron para este dúo de guitarra y batería. Así, si hace unos años metieron en un EP ¡99 en 13 minutos!, con 
Admitamos como hipótesis de trabajo que la composición musical consiste, en parte, en explorar las posibilidades de cada instrumento. De esto sabían mucho los clásicos, que necesitaban conocer, por ejemplo, los mecanismos de funcionamiento de las partes integrantes de una orquesta: de qué formas puede un violín articular una frase melódica, o los ciclos de respiración de los intérpretes de la sección de viento. Y por supuesto, el órgano, el contrabajo, el saxofón, todos tienen una sonoridad determinada.
Pero quizá las dos figuras que mejor están explotando este nuevo género aún por definir sean DJ Shadow y Amon Tobin. Su música es electrónica en el proceso, no en el resultado. Discos como
La renovación propuesta por estos chicos tiene su más claro precedente en la banda de Washington de principios de los noventa Nation Of Ulysses, y pasa por incluir interludios de jazz, música electrónica y clásica. La cosa tiene su gracia (al final de la primera canción, un DJ italiano introduce emocionado un remix tecno del tema "Refused Party Program"), pero el núcleo de este álbum es pura furia, a poca distancia de grupos actuales de hardcore extremo como Dillinger Escape Plan o los Blood Brothers. El cantante utiliza el mismo tono incendiario, que más que un grito, es un gruñido amplificado y casi ininteligible que sale de lo más profundo de la garganta.
¿Veredicto? La aparente fusión revolucionaria que proponen Refused no es tal, sino mera yuxtaposición. Es decir, los elementos ajenos al punk monocromo y ensordecedor que constituye la esencia del grupo sirven poco menos que de adorno. De todas formas, le quitan algo de hierro al asunto, y la ambición y amplitud de miras presentes en esta grabación me parecen merecedoras de aplauso. Buen trabajo.
Lisa ha sido una artista tardía, aunque he oído que hacía música ya de niña. Debutó en solitario con más de treinta años a comienzos de los noventa, después de haber trabajado en la banda del imitador de Bruce Springsteen por excelencia (sólo que aún peor), John Mellencamp. Menos mal que ella nunca volvió por tales derroteros. No, el estilo de Lisa Germano se caracteriza ante todo por la claridad melódica de sus canciones y los inusuales arreglos, foco de la mayor parte de la tensión. Dicho de otra manera, le gusta sabotear sus melodías, a menudo tan sencillas como bellas, envolviéndolas en extrañas combinaciones de instrumentos. Ella toca el violín, la guitarra y el piano, pero en sus discos, a menudo fruto de colaboraciones con unos pocos intérpretes escogidos, también pueden escucharse cajas de ritmos, oboes, maullidos de gato, llamadas telefónicas, casi cualquier cosa.
¿Qué lugar ocupa entonces esta muchacha perpetua de Indiana en el panteón de las cantautoras de los noventa? Digamos que tiene algo de la audacia compositiva de la mejor Tori Amos, aunque empleada con mayor sutileza, del gusto por las atmósferas etéreas de Sarah McLachlan y del infantilismo bien entendido de Björk, si bien como cantantes ambas no podrían diferir más. Y por encima de cualquier comparación, Lisa Germano lleva quince años haciendo música a su manera, sin apenas ruido. No siempre ha podido vivir de ello (su trabajo en una librería le ha ayudado a pagar algunas facturas), pero a mí personalmente me ha hecho un poco más feliz.
Leí en el gratuito
La cuestión tiene su importancia, aunque sea para intentar justificar la existencia de la realidad sonora alternativa sobre la que versa este blog.
La biografía de Gustav Ejstes no concuerda con la del típico personaje obsesionado con reproducir al milímetro todos los matices de las grabaciones psicodélicas de los Beatles, los Who, o Jimi Hendrix, aunque es cierto que le seduce el género: el líder de Dungen se crió en el campo, su primera pasión musical fue el hip-hop, domina varios instrumentos, y canta en su lengua materna.
La verdad es que escuchar todo un disco de Frippertronics puede resultar muy cansino, pero si se usan como complemento de canciones convencionales, la cosa cambia.
Para grabar
Y es que en las primeras escuchas 
